Sensibilidad y Razón en la Poética de Isabel Guerrero (por Edilson Villa)

Sensibilidad y Razón en la Poética de Isabel Guerrero

 “El llanto fue descalzo por bosques y ciudades”

Eduardo Azcuy

 

La poesía es atemporal, pertenece a todas la épocas. Es el asombro del hombre ante la naturaleza. Su origen es el mismo origen del lenguaje. La poesía ignora los procesos evolutivos y las ideas de progreso; su permanencia y desarrollo no lo mide la historia, es un hecho esencial. Sin sus mitos, sin sus cantos, es inconcebible la existencia de una sociedad. La prosa surge de la desconfianza del pensamiento ante las inclinaciones naturales de un idioma. La prosa es un género tardío que se desarrolla con el avance de las ideas. No es posible imaginar un pueblo sin poesía, pero sí se lo puede imaginar sin prosa. Toda prosa es conceptual, busca la coherencia, el orden lógico de las cosas mediante el uso de la razón. Forma parte del discurso, de lo racional, por lo tanto, anticipa, prefigura, mide y avanza, usando el arquetipo del relato, la historia o la proclama.

Con este nuevo lenguaje, autónomo (en el caso de la poesía), conjurado, hechizado, como diría Borges, el poeta nos señala las claves de su visión del mundo, de su ideal de belleza, de sugerencias de nuevas realidades y nuevas revelaciones. Aquí el poeta camina de lo conocido hacia lo desconocido, movido por una vocación absoluta, por la conciencia de que se moriría si no escribiera, si no poetizara el mundo, dando de sí, así mismo como un árbol da sus frutos; el poeta canta aceptando esa exigencia vital sin preocuparse por lo que los otros digan o dejen de decir sobre su obra. Por eso la poesía es vida, obligación y destino, porque cumple con su vieja y nueva misión, esto es, seguir arrojando luz sobre las tinieblas del corazón humano y dirigirlo hacia la búsqueda del absoluto, del ser, de la unidad perdida consigo mismo.

El poeta, al igual que el filósofo, nos revela con su obra que va en la búsqueda de la verdad. Ambos son amantes de la sabiduría y, como tal, están inspirados y poseídos por un don divino que les permite expresar, uno mediante la intuición y el otro mediante la razón, ideas de un valor superlativo para el beneficio de la humanidad.

Entre los escritores contemporáneos, pocos han logrado imponerse sobre la mecanización que nos imponen estos tiempos y el entorno actual; y adoptar la expresión existencial a través de su sensibilidad poética y su racionalismo filosófico; entre estos pocos, Isabel Guerrero representa esa fuerza de la pasión creadora, junto al ideario de un humanismo local, propio, esto es, suramericano. En su condición de poeta (y filósofa) chilena, Isabel Guerrero ha afianzado ese pensamiento humanístico adecuando esos conocimientos del mito, del símbolo (de su propio lenguaje), de la filosofía, del entorno social contemporáneo, de los medios de comunicación, de los pueblos originarios, de su condición de feminista, hasta alcanzar su luz interior, siempre con un sentido sagrado de la vida (la suya y la de los demás), como nos lo plantea en su poema “Sobremesa”:

SOBREMESA.

 Un muerto de hambre.

Un nuevo muerto de hambre.

a cada segundo

a cada minuto

en cada espacio y lugar.

El problema no es el muerto,

es el hambre.

El muerto pasa a la estadística, pasa a la tierra, se monta en la energía cósmica

El hambre persiste.

presente

carcome

vomita

invalida.

El hambre la trajo el abuelo

montado en su caballo de cristal. El abuelo violó

y puso en el vientre el hambre

y le dijo a ella que no era nada

y que él nadie era

y se llevó el trigo

el agua la montaña y su mineral

Y dejó el hambre.

El abuelo heredó el hambre al hijo

y lo llamó muerto

echó cemento en la tierra

cazó los pájaros

puso una bomba en la cordillera y se marchó.

El abuelo engendró un muerto, un muerto de hambre.

El abuelo cría cerdos para no sentirse solo.

En su poética, Isabel Guerrero, insinúa su rechazo a la realidad que nos presenta el mundo actual y una afirmación desesperada de lo específicamente poético, del arte por el arte; su visión del mundo engloba todas las dimensiones del hombre y como tal se asume en esa totalidad.

-¿Qué es el hombre sin su esencia?– Nos interroga, Isabel Guerrero, con su poesía; esa esencia vital que, como un valioso legado espiritual, nos dejaron los antiguos pueblos americanos como una estrella que nos alumbra el camino.

Justamente en toda su obra, ya sea poética o ensayística, aparece Isabel también como investigadora del inconsciente colectivo y, por supuesto, del subconsciente, del sicologismo, de la investigación extrasensorial y el estudio en todos los campos de aquellas disciplinas negadas por los convencionalismos. Ejemplo de esta totalidad a la que nos quiere acercar (y su mayor preocupación), es su poema “Temor”; veamos:

TEMOR

Temo no ser en mí cuando acabe por hallarme

En ese estar sin ancla de naufragio anestesiado

Temo ser sólo en otro pensamiento en corriente ideado

Vaciando desde mí la necia silueta del bosquejo

Temo hacer presencia en el presente que es ajeno

Que no permite mi sarcasmo y me deja

En cuerda floja a la voluntad de lo pensado

Temo estar distante de mi asombro

Ausente del encuentro

Perdida en el recuerdo escurridizo

Del arranque de un poema escrito con mi rostro

Temo hacerme en adjetivos que poco se allegan a mi nombre

Que calan como juicios y me hacen al desvío

Y disfrazan mi cuerpo

Y me visten de armadura

Encadenando a mi destino pasos que no he andado

Temo no ser yo quien se halle

Cuando todo lo demás me haya olvidado

En su poesía, como en toda obra que pretende un carácter globalizador, abunda la presencia de la muerte; pero, ante todo, nos impone la presencia de la vida, no sólo desde la experiencia sensible sino también en un sentido superior del espíritu, eterno, donde nos reencontramos con Dios; esto es, en su obra es muy visible el pensamiento filosófico platónico y aristotélico sin que por ello se deje de notar una voz similar a la de San Pablo en los Hechos de los Apóstoles. Sin duda, su poesía induce a la búsqueda de una transformación interior a morir a lo mecánico, a todo aquello que tecnifica y desnaturaliza al ser humano y, por supuesto, a renacer a un nuevo nivel de consciencia.

La poesía de Isabel Guerrero, además de su riqueza estética es de un alto valor filosófico, casi iniciático, a la manera de poetas tan amados y esclarecidos como Whitman o Rimbaud. Ahí se las presento, el camino apenas comienza.

Edilson Villa M.

Filósofo, Poeta y Editor.

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