Ensayo Sobre el país posible

En el marco del VIII Encuentro Internacional de Escritores “Vuelven los comuneros” celebrado en el departamento de Santander, Colombia ( 29 de septiembre al 04 de octubre) se nos pidió a los escritores redactar un ensayo para ser presentado y editado por la Universidad Manuela Beltrán de la localidad de Bucaramanga. Entre esos pensamientos que a veces surgen sobre la existencia esto es lo que escribí:

“SOBRE EL PAÍS POSIBLE

Si bien cada uno de nosotros no puede negar que en el intento de buscar parámetros o ideas que sirvan de base para un país posible hemos fracasado como especie, no obstante, concordamos en que tremendas ideas han nacido de este intento. Muchos de los grandes líderes latinoamericanos y occidentales en el afán de mejorar la calidad de vida, han procurado establecer nuevas directrices que apuntan y coinciden en términos de libertad, igualdad y fraternidad. Y es que tanto el amor como la voluntad y predisposición hacia él, han demostrado que la clave se acerca hacia la fuerza que con la unión entre hermanos, podemos alcanzar.

Sobre un país posible podríamos apilar un montón de categorías que no cabrían dentro de un mundo entero y esto porque cada uno pretende algo similar, pero distinto. Algo similar en su finalidad, pero con distintas formas de llegar a él. Así, han existido un millón de estrategias usadas que no han dado resultado y otro tanto más de otras nuevas que jamás se podrán llevar a cabo, ya sea por asuntos políticos, morales o meros caprichos de quienes gobiernan el mundo. Ahora, la pregunta está en que si hemos probado, como especie, diferentes escenarios de convivencia ¿quién asegura que cualquier táctica dé resultado y podamos convivir tranquilamente cada uno con su singularidad y colectividad? ¿Es posible realmente sostener que existe un país posible al que aspirar? ¿Será válido seguir contando con esa esperanza inagotable? ¿Será genuino replicar discursos en el afán de tratar de convencernos de una mejor opción de vida, sin injusticias, sin dolor, sin soledad? ¿O es que acaso mientras se tenga tranquilidad individual o de país o de continente, pensaremos que toda la humanidad está libre de tormentos?

¿Qué hacer si los discursos añejos no sacian nuestras expectativas de mejoras? ¿Qué hacer con todos los ideales de humanidad metidos hasta el cansancio en teorías morales, religiosas, sociales, antropológicas? ¿Qué hacer con toda la novela de la humanidad, siendo que como característica esencial e histórica hemos vuelto y vuelto y vuelto a hacer lo mismo? ¿Inventamos poesía? ¿Escribimos un gran tratado pacífico? ¿Nos reunimos en encuentros artísticos para demostrar nuestros talentos, mientras que luego volvemos a casa con fotografías y piñatas?

Frente a un mundo cada vez más tecnologizado y menos comprensivo, frente a una realidad donde niños mueren en honor de la venganza, frente a la creciente falta de solidaridad, tolerancia y perdón, se nos revela la fuerte necesidad de mejorar. Y con milenios tratando de encontrar la receta perfecta para crear un país posible, asalta la urgencia de asentar alguna idea ejecutable y eficaz para alcanzar una realidad más sincera y cariñosa. No tan sólo aplicable a un determinado grupo de seres humanos, sino que a la par sirva para coexistir con todo aquel que esté presente en la faz de la tierra.

Conocernos a nosotros mismos, creo que es la clave, y sostengo sin certeza que es posible de esta manera re-encontrar el camino. Válido o no, lo cierto es que si el discurso no ha servido, entonces hay que reinventar el lenguaje. Unificar los códigos y acabar con tanto concepto bonito que llena libretas y leyes sin considerar lo que realmente somos. Con esto señalo, que mientras sigamos mirando al cielo en busca del humano imaginario, seremos incapaces de apropiarnos de la palabra “humanidad”. Mientras no reconozcamos nuestra animalidad, codicia y faltas de respeto, será imposible trabajarlas para mitificar el daño. Mientras pensemos que la solución está en lo que no somos, jamás será posible cambiarlo. Debemos, como persona, individuo, comunidad, sociedad y especie poner un espejo ante a nosotros, mirarnos a la cara, de frente a nuestros ojos y preguntar quiénes somos, cómo somos y qué podemos hacer con ello.

El día en que realmente seamos capaces de asumir el error natural de nuestra existencia, recién ahí podremos pensar en un nuevo país posible.”

*Si aún sigo pensando en la misma cuestión no lo sé. Todo varía, todo cambia, todo se transforma.

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